Enero 30
La catapulta
En 1933,
Adolfo Hitler fue nombrado canciller de Alemania. Poco después, celebró un acto
inmenso, como correspondía al nuevo dueño y señor de la nación. Modestamente,
gritó:
—¡Yo estoy fundando la Era de la
Verdad! ¡Despierta, Alemania! ¡Despierta!
y los
cohetes, los fuegos artificiales, las campanas de las iglesias, los cánticos y
las ovaciones multiplicaron los ecos. Cinco años antes, el partido nazi había
obtenido menos del tres por ciento de los votos.
El salto
olímpico de Hitler hacia la cumbre fue tan espectacular como la simultánea
caída hacia el abismo de los salarios, los empleos, la moneda y todo lo demás.
Alemania,
enloquecida por el derrumbamiento general, desató la cacería contra los
culpables: los judíos, los rojos, los homosexuales, los gitanos, los débiles
mentales y los que tenían la manía de pensar demasiado.
*Fragmento contenido en el libro "LOS HIJOS DE LOS DIAS", de
Eduardo Galeano, Siglo XXI, 2012.
- ilustración digital: Andrés Casciani
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